Castrillo del Val es una localidad y un municipio1 situados en la provincia de Burgos, Castilla la Vieja , en la comunidad autónoma de Castilla y León (España).
Iglesias
Iglesia de San Juan Bautista
Son muchas las iglesias en las que la montaña tiene un significado sagrado. En la Sagrada Escritura son frecuentes las alusiones a una montaña como lugar de encuentro con Dios; Hored en el Sinaí donde Moisés se encuentra con Dios y establece la alianza con el Pueblo elegido, el Monte de Tabor en el que Jesús se transfigura y muestra su divinidad a sus discípulos y el Gólgota, lugar de Redención en la cruz, son hitos importantes en la Historia de la Salvación.
En la falda del Alto Castillejo, la montaña más emblemática de Castrillo del Val se encuentra emplazada la iglesia de San Juan Bautista, el Precursor, que invita a los fieles a caminar al encuentro de Dios, todo un símbolo de ayuda a subir hasta llegar a la cima de la perfección cristiana.
El color grisáceo de su piedra se adapta perfectamente al paisaje de sus tierras parduscas, el verde del valle y el azul del cielo, creando un cromatismo equilibrado y de gran belleza.
Arte: Se trata de una construcción en sillares de piedra, de muros robustos y grandes estribos, que contribuyen a dar gran solidez a un edificio que, gracias a estas características, ha podido mantenerse en pie durante ese periodo de tiempo en el que su tejado y bóvedas llegaron a hundirse. El esfuerzo e ilusión de los vecinos del pueblo han conseguido una restauración de bóvedas y cubiertas. Desaparecido ya el peligro de hundimiento, sigue esperando una restauración interior que haga posible su utilización y vuelta al culto religioso para el que fue construido.
Fue construido, muy entrado ya el siglo XVI, en estilo renacentista. Su planta es una cruz latina. La nave longitudinal está formada por cuatro cuerpos: el ábside, crucero, cuerpo intermedio y coro, y la nave transversal con dos cuerpos laterales forma esa cruz latina que en planta es símbolo de la Redención.
Las bóvedas son de la misma altura y muy variadas. Encontramos bóvedas sexpartitas, estrelladas y de terceletes, con claves ornamentadas con escudos y rosetas. Sólo en el crucero se sostienen sobre columnas y pilastras, en el resto los nervios arrancan de ménsulas ancladas en los muros de las naves.
El ábside es rectangular en el interior y pentagonal en el exterior. En el muro del fondo dos pechinas y como prolongación de las mismas vieiras.
Últimas referencias: No sabemos con exactitud cuando se dejaría de hacer culto continuo, ya que antes cada barrio tenía su propia iglesia, sí sabemos que hasta 1950 se decía misa los días de la Santa Cruz, el 3 de mayo y 14 de septiembre y el día de la fiesta del santo patrono San Juan Bautista, y hasta 1960 solo el día 24 de junio que fue cuando se dijo por última vez. En 1998 se reparó la cubierta o tejado ya que estaba prácticamente hundido.
En el año 2004 con una inversión de 480.000 € y sobre una superficie de 1.600 metros cuadrados se hizo una gran ampliación del cementerio, anejo al anterior que estaba totalmente lleno, y en el que se situaron 306 nichos y 207 tumbas quedando así cubiertas las necesidades de al menos dos siglos. Este cementerio está situado a unos 50 metros de esta iglesia. En abril de 2005 ocurrió un hecho curioso: alguien encontró en el suelo la imagen de piedra de S.Juan, que había caído de la hornacina que está en la parte exterior encima de la puerta principal de entrada a este templo, a una altura de uno 4 m y que gracias a Dios no sufrió ningún desperfecto.
Aunque la hipótesis de la Guardia Civil apuntó a que cayó por su propio peso, los vecinos no opinaron lo mismo ya que esta iglesia no sufre mal de piedra y lo achacaron a un intento de robo, como sucedió por estas fechas en pueblos cercanos, en que robaron y en otros lo intentaron, varias tallas de madera, incluso en el vecino pueblo de Los Ausines una talla de piedra que coronaba el campanario de la ermita de la Virgen del Castillo.
Tallada esta imagen de S.Juan en 1699 mide 15 dm de alto y pesa unos 350 kg . Entre varias personas la trasladaron a la iglesia de Sta.Eugenia donde se situó debajo del coro.
El interior de esta iglesia de San Juan está totalmente deteriorado y dudamos que ni a corto ni medio plazo vuelva a tener culto.
Esta iglesia de Santa Eugenia queda emplazada en el centro del pueblo. Es la casa de todos y hacia ella confluyen todas las calles, como invitando al encuentro o, más bien, como arterias a las que este edificio emblemático, corazón de la villa, envía su sangre para que todos los miembros tengan vida común.
Arte: en un pueblo en el que sus casas están construidas en piedra de sillería bien labrada, también la iglesia ha sido edificada con sillares perfectamente encajados, que manifiestan la pericia de unos canteros conocedores de su oficio. Es del estilo clasicista, mostrando aún los vestigios de austeridad y grandeza que, a partir de la Contrarreforma, presentaron los edificios religiosos españoles de finales del XVI y principios del XVII.
Se trata de una construcción de planta basilical, de una sola nave rectangular. En su interior aparece dividida en tres cuerpos, sostenidos por arcos fajones, a los que corresponden en el exterior sólidos contrafuertes.
El ábside es cuadrangular, siguiendo la tradición visigótica, y está orientado hacia el Este en su altar mayor, según la más estricta costumbre de la Iglesia, para que los fieles dirijan su vista hacia el sol naciente, símbolo de Cristo.
Presenta un alzado de gran altura en proporción a la anchura de la nave, creando en los fieles una sensación de solemnidad y grandeza. Coronan la techumbre bóvedas estrelladas y de terceletes con nervios y elementos de piedra bien trazados, aunque algunos han sido restaurados con cemento que intentan simular los originales. Se sostienen estas bóvedas sobre pilastras y columnas adosadas además de ménsulas. Las claves en un edificio que camina hacia el barroco están ornamentadas con escudos y rosetas.
Se construyó un pórtico para proteger la portada de la iglesia de la erosión de un clima de rigurosos inviernos y fuertes heladas. Probablemente sirvió a los vecinos como lugar de encuentro antes de entrar en el templo y hasta para reuniones concejiles.
La portada se construyó en el año 1607. Según los gustos de esta época tiene forma de cubo, enmarcada por dos pilastras jónicas, con arco de medio punto y coronada por un frontón triangular. La ornamentación es de pirámides y bolas. Es de reseñar la hornacina, en la que se quiso colocar la imagen de la patrona, Santa Eugenia. Se trata de una buena talla en piedra, que no pudo resistir los avatares del tiempo y hoy se encuentra descabezada.
De la misma época, principios del XVII, es también la torre, de planta cuadrangular y formada por tres cuerpos, separados por una cornisa. Es una torre de gran robustez, sin apenas vanos en los cuerpos inferiores, sólo en el campanario se abren varios ventanales con arcos de medio punto. Se repite en la crestería la ornamentación de pirámides y bolas.
Cristo Crucificado
Anónimo hispano-filipino. Segunda mitad del siglo XVII, (marfil). 65X63,5X16 cm (Cristo); 123X70 cm (cruz).
Correspondiente a esta iglesia es, un valioso Cristo Crucificado que ha estado expuesto en “Las Edades del Hombre”, y del cual hacemos una amplia reseña:
La incorporación de Las Filipinas a la Corona Española, en la época de Felipe II, dio lugar a un intenso tráfico comercial A estas islas llegaban en grandes cantidades colmillos de elefante procedentes de, China e Indochina y también a los puertos indios que recibían este producto desde África. Una vez en el archipiélago, podía exportarse en bruto a Europa o manufacturarse. Sabemos que ya, en el siglo XVII, existían en estos territorios, cualificados maestros que se dedicaban a tallar este material. Quizá, en los primeros momentos, fueron artistas y artesanos procedentes de China (sangleyes) los que se encargaron de realizar las primeras esculturas cristianas de este tipo ya que este país, con el que se mantuvieron estrechos contactos comerciales, tenía una mayor tradición en los trabajos eborarios. En ellas se mezcló la tradición occidental con la oriental. Los modelos formales procedentes de Europa –conocidos a través de tallas españolas y flamencas y grabados europeos que llegaron a estas tierras- se convirtieron en fuente de inspiración para estos artistas que a la vez dejaron traslucir, en sus trabajos, sus bases culturales y raciales. En el entorno de estos artífices fueron surgiendo otros locales que se encargarían de producir obras que satisficieron las necesidades de iglesias y conventos. Igualmente comenzó un proceso de exportación de tallas de tema cristiano que llegaron en cantidades a la Península Ibérica, estas fueron trasladadas por religiosos-misioneros a la vuelta de sus viajes evangelizadores, o por, comerciantes que las embarcaban en el famoso Galeón de Manila hasta el puerto de Acapulco, desde donde, a lomos de caballerías, eran llevadas a Veracruz para ser enviadas a España.
No sabemos como llegó este Cristo a la iglesia de Santa Eugenia, pudo ser traído por algún religioso vinculado al pueblo a su vuelta de Oriente, o quizá fue comprada.
El crucificado, tallado en marfil, contrasta con el color negro de la cruz nudosa sobre la que aparece clavado. La escultura consta de tres piezas; en la primera que se corresponde con la parte más importante del colmillo, aparece la cabeza, el tronco y las piernas; los brazos están esculpidos en otras dos piezas. La cabeza es la zona más expresiva; ligeramente orientada hacia el Cielo, presenta una larga cabellera que la enmarca y una barba de carácter simétrico; la boca queda entreabierta y deja ver los dientes; la nariz perfilada en formas triangulares, y los ojos rasgados y arqueados, contribuyen a dotar el rostro de unas formas raciales que lo alejan del mundo occidental. Lleva corona de espinas cortas, de tipo zarzoso, labrada sobre el mismo material, unida a la bóveda craneal, que la vincula al modelo que, según Francisco Pacheco, había sido utilizado en la Pasión. La policromía del cabello, barba y cejas, el remarcado de los ojos, que aparecen reflejados justo en el momento antes de la muerte, y los tonos rojos de las manchas de sangre que recorren la cara y el cuello y la profundidad de la boca, hacen que el resultado final sea sumamente expresivo. Debido a todos estos rasgos, esta imagen ha de incluirse en el tipo iconográfico de “Cristo Expirante”. El torso presenta formas ligeramente pronunciadas siendo especialmente visibles las costillas y el epigastrio levemente hundido; las caderas están suavemente marcadas generando un incipiente movimiento. El paño de pureza tiene un interesante plegado, dotado de un cierto virtualismo, quedando sujeto por un gran pliegue central que le relaciona con algunas imágenes como el Cristo Expirante de los Agustinos Filipinos de Valladolid. En el lateral derecho, una parte de la tela aparece volteada por el viento dando lugar a una sensación de dinamismo; las piernas se caracterizan por su canon corto; la derecha monta sobre la izquierda ya que se trata de un Cristo de tres clavos que carece de subpedáneo; los brazos tienen también un cierto carácter expresivo, estando bien modelados en la zona de las axilas, en la unión entre brazo y antebrazo siendo visibles los músculos y las venas. Las manos, clavadas a la cruz, presentan los dedos meñique y anular contraídos, mientras que el pulgar, índice y corazón se hallan tensos. Una mancha de policromía roja, a modo de sangre, contribuye a reafirmar la sensación de dramatismo; en el remate de la cruz se coloca la cartela con el INRI realizado en marfil.
Las formas de esta talla muestran los caracteres típicos de las producciones religiosas filipinas del siglo XVII que tanto éxito lograron en la España del momento. Las formas un tanto abstractas, simplificadas, casi icónicas y el reflejo de un dolor no sólo físico sino, sobre todo espiritual, sin demasiadas estridencias, convirtieron estas producciones en objetos que suscitaban una notable devoción. Este Cristo guarda muchas semejanzas con otros crucificados de marfil de la misma procedencia pertenecientes a la variante de los expirantes, que se conservan en la Península como los de la parroquia de la Magdalena de Sevilla y el de la Catedral de Toledo, fechados a finales del siglo XVI y entorno al 1600 respectivamente. Otros muy similares –dependiendo del taller y la fecha de ejecución- son: El Cristo de la clausura del Convento de San Esteban de Salamanca, el de la iglesia de Santiago el Real de Medina del Campo, el de Mula (Murcia) el de los Peligros de Belmonte (Cuenca), o la pieza central del Calvario de la Iglesia de Santa Maria de Belorado.
Ermitas: Al hilo de este tema religioso significar que hasta 5 ermitas tuvo Castrillo por los siglos XV y XVI. Tres se situaban cerca de la iglesia de San Juan; San Miguel, Santa Vera Cruz y Nuestra Señora del Castillejo, mientras las otras 2 estaban más alejadas del pueblo, la de San Esteban que bien pudo ser la iglesia del desaparecido pueblo de Castrillo de la Vega, que estuvo situado en lo que hoy es La Cerca de Santa Eugenia y la de San Mamés, que estaba instalada en el término de Llano San Pedro cerca del monasterio de Cardeña. No se si todas pero esta última al menos se levantaría con motivo de las peregrinaciones a Santiago. Aunque hoy Castrillo queda fuera del itinerario de este camino, antes no fue así, ya que eran muchos los peregrinos, sobre todo al atardecer, que desde el camino que llevaba hasta Burgos y que pasaba junto al río Arlanzón se desviaban y pasando por Castrillo llegaban hasta el monasterio de San Pedro de Cardeña, que aunque ahora está habitado por los Cistercienses, entonces eran los Benedictinos -orden famosa por su hospitalidad- y en donde se encontraban con un hospital, botica y hospedería. Aunque hace unos años se trasladó el Crucero –símbolo del Camino- al centro del pueblo, antes estaba situado en la picota de un cerro para que fuera bien visible por dichos peregrinos.
Últimas referencias: En el año 1972 se hizo una profunda reforma en el interior; Se retocaron todas las paredes, se tiró el púlpito, se cambió la pila bautismal, se entarimó el suelo y para dar mas amplitud se quitaron dos altares laterales dedicados al Santo Cristo y a la Virgen del Pilar, incluso se quiso poner el retablo de la iglesia de S.Juan que era mas lucido pero al no dar las dimensiones se vendió para pagar estas obras.
En 1989 se puso un reloj nuevo y automático en la torre; en 1999 con aportación de las colectas, donaciones y el aporte del ayuntamiento se la dotó de calefacción; en el 2005 por iniciativa de la Diputación y en el taller de restauración sito en el monasterio de San Agustín se restauraron los retablos de San Roque y de la Virgen del Rosario, con cuatro tallas cada uno, un Calvario y varias imágenes sueltas que se colocaron en diferentes peanas dentro del templo; en 2009 se colocó un mecanismo para el toque automático de las campanas.
Al hilo de este tema religioso significar que hasta 5 ermitas tuvo Castrillo por los siglos XV y XVI. Tres se situaban cerca de la iglesia de San Juan; San Miguel, Santa Vera Cruz y Nuestra Señora del Castillejo, mientras las otras 2 estaban más alejadas del pueblo, la de San Esteban que bien pudo ser la iglesia del desaparecido pueblo de Castrillo de la Vega, que estuvo situado en lo que hoy es La Cerca de Santa Eugenia y la de San Mamés, que estaba instalada en el término de Llano San Pedro cerca del monasterio de Cardeña. No se si todas pero esta última al menos se levantaría con motivo de las peregrinaciones a Santiago.
Aunque hoy Castrillo queda fuera del itinerario de este camino, antes no fue así, ya que eran muchos los peregrinos, sobre todo al atardecer, que desde el camino que llevaba hasta Burgos y que pasaba junto al río Arlanzón se desviaban y pasando por Castrillo llegaban hasta el monasterio de San Pedro de Cardeña, que aunque ahora está habitado por los Cistercienses, entonces eran los Benedictinos -orden famosa por su hospitalidad- y en donde se encontraban con un hospital, botica y hospedería. Aunque hace unos años se trasladó el Crucero –símbolo del Camino- al centro del pueblo, antes estaba situado en la picota de un cerro para que fuera bien visible por dichos peregrinos.